Ses mones a ses illes
(mona jacinta)


Ya sabéis que a las monas nos gusta vacacionarnos. Y luego contarlo para daros envidia. Es el lado maligno de nuestra naturaleza. Este año teníamos que ir a Islandia, pero el maldito COVID-19 (por cierto, ¿porque ha pasado de ser el COVID a ser la COVID? Hasta que no nos lo expliquen seguimos con masculino, más apropiado para algo tan malo)nos lo ha impedido. Como premio de consolación y aconsejados por Mona-da, que es nuestra personal shopper, community manager y vacation conseulor, decidimos ir a Menorca.
Ciutadella
Gran acierto, lo primero que pensé fue ¿por qué no vamos más a menudo a Menorca? ¡Si es el paraíso terrenal! Buen tiempo asegurado, tranquilidad, calas maravillosas, agua transparente, buena comida y gente amable. Os aseguro que voy a ir con más frecuencia de ahora en adelante.
Así estamos nosotros
en vacaciones
Nuestro apartamento estaba en Son Bou, en un complejo muy tranquilo de pequeños edificios de dos alturas alrededor de unas piscinas y un jardín mediterráneo lleno de lavanda, buganvillas, hibiscos, lantana y plumbago. Todo limpio, silencioso y bonito. El plan consistía en explorar alguna cala, visitar algún pueblo o ciudad y gansear todo lo posible. Cumplimos nuestros propósitos a rajatabla. Ya nos advirtió Monada que a las calas había que ir con cierto espíritu aventurero y es cierto, el mundo cala es complicado.
Les coves
Consiste, fundamentalmente, en dejar el coche a hacer puñetas, llegar a un sitio que parece repleto y ponerse a explorar chospando por las rocas. A veces hay suerte y das con un lugar maravilloso para ti solo, otras es más complejo. Por ejemplo, en Les Coves estuvimos a punto de insolarnos buscando un sitio tranquilo. Un senderuelo oculto entre la maleza nos permitió llegar a una calita que en vez de arena tenía algas secas de un olor dudoso. Para colmo, Pseudomona cayó en arenas movedizas con sus zapatillas de deporte (es enemigo de la chancla de río) que en la actualidad huelen a perro muerto y putrefacto. Estuve a punto de tener que sacar mi látigo de Laura Jones y atarlo a un árbol para rescatarlo, por suerte la sangre no llegó al río.
Quitando esas pequeñas anécdotas ( y qué sería de las vacaciones sin ellas) han sido unos días perfectos y a Dios pongo por testigo que volveré a Menorca antes de tres años. Ya lo veréis.
Nuestro jardín menorquín

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